Déjà vu

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Querida Ana, hoy me dieron ganas de escribir otro cuento corto, espero no te asuste.

Y finalmente un día, el planeta entero fue consciente de que el daño era irreversible. La naturaleza les había dado todos los avisos y señales de advertencia posibles, pero todas fueron ignoradas.

Los gobiernos cesaron en ocultar a la opinión pública la magnitud del daño al medio ambiente, pues bastaba con levantar la mirada y ver el cielo enrojecer cada vez más o respirar un aire cada día más denso y dañino. Los líderes pueden mentir, pero los pulmones siempre dicen la verdad.

El último esfuerzo consistió en invertir tiempo, dinero y todo recurso posible en elaborar la tecnología necesaria para viajar a planetas cercanos que pudieran ser habitados. El sueño de un posible éxodo avivó la esperanza, pero no duró mucho. Se enviaron sondas, satélites, naves exploradoras y ninguna misión tuvo éxito. Sin que se pudiera hacer algo al respecto, empezó el agonizante proceso en el que la vida en todo rincón del planeta desaparecería.

Primero los mares contaminados fueron trampas mortales para cualquier especie. Los gases tóxicos acumulados en el ambiente elevaron la temperatura del planeta y los polos se descongelaron y, como estaba previsto, el nivel de los océanos se elevó inundando los continentes y desapareciendo miles de ciudades a una velocidad incontenible.

Los ríos que no se secaron terminaron desbordándose a tal nivel que desaparecieron ciudades enteras. Las lluvias ácidas afectaron los pocos bosques que quedaban e hicieron infértil la tierra. Los animales empezaron a enfermarse imposibilitando el consumo de su carne. El hambre y la escasez de agua potable llevaron a las sociedades a la desesperación y al auto exterminio, el instinto de supervivencia los obligó a asesinarse unos a otros procurándose unos días más de vida.

Finalmente el último ser inteligente sobre la faz del planeta murió. De tener algún último pensamiento de arrepentimiento no habría tenido a quién comunicárselo. Con el tiempo, la presión, los gases, las tormentas eléctricas, las erupciones volcánicas y la erosión desaparecieron todo rastro de vida inteligente o cultura.

El planeta se convirtió en un desierto inerte.

Millones de años después, en un planeta cercano llamado Tierra, un niño abre una página web y empieza a estudiar su sistema solar. Lee muy concentrado: “Según las recientes exploraciones, se cree que el planeta Marte alguna vez pudo albergar vida”.

 

Escúchame, let´s talk in english.

Two identical teenage girlfriends, shot from back. Rear view

Querida Ana, hoy te contaré una historia real, algo que me pasó no hace mucho, espero te guste.

Llego a la recepción de una oficina y hay dos mujeres de 30 años aproximadamente, ellas estaban sentadas esperando quizá alguna otra reunión. Las saludo y me siento en un sofá cercano, no conocía a ninguna. Yo vestía un polo marrón, short y un morral, considero que es pertinente dejar establecido esto, luego entenderás por qué.

Las dos mujeres conversaban muy entretenidas y sonrientes, pero de pronto una de ellas titubea al hablar, al parecer iba a cambiar de tema, me observa y baja la voz, evidentemente para que yo no escuche. Todo bien hasta ahí, yo esperaba para entrar a mi reunión y no tenía intención de oír conversaciones ajenas.

De pronto la mujer que hablaba me vuelve a observar y asumo que el tema de conversación iba a adquirir un carácter más privado, porque en un arranque de sagacidad intelectual decide hablar en inglés. Y ambas mujeres, que habían estado hablando en español todo este tiempo, de pronto empiezan a utilizar el inglés como medida de seguridad, porque claro, mi vestimenta, rostro o algo de mi aspecto les hacía creer que esa era una estrategia de seguridad pertinente, que el idioma iba a ser esa barrera, muro, escudo o tranquera (como las que ponen en algunos distritos de Lima) que me iba a impedir acceder a su mundo. Tranquila Ana, esta historia no termina aquí.

Por dentro me sentía muy furioso, no por los prejuicios con los que me estaba encontrando, no me afectaban en lo más mínimo, sino porque entendí claramente todo lo que decían (ver Friends 40 millones de veces ha sido mi mejor escuela de inglés) y no me pareció interesante en lo absoluto lo que ambas mujeres balbuceaban. Detestaba haberme ilusionado con una historia un poco más reveladora. Esperaba oír alguna anécdota comprometedora, quizá alguna preocupación, problema, o predicamento de vida o muerte, pero no, solo se contaban cosas sin relevancia suficiente como para justificar su medida de seguridad. Pero no, la historia no termina aquí.

Luego de la conversación insulsa en inglés, en la cual de vez en cuando incluían la palabra en español “escúchame”, supongo que no es tan cool decir, «listen to me», me llaman para ingresar a la reunión por la que había ido a esa oficina. Subo unas escaleras, saludo a todos, mi vehemencia me empujaba a contar lo que me acababa de pasar pero me detengo un momento. Me dijeron que faltaban dos personas más para iniciar la reunión. Menos de un minuto después, las dos mujeres de la recepción entraron a mi reunión. Me ven y las saludo amablemente por segunda vez.

Terminó la reunión y me despido de ellas sin jamás perder la urbanidad y buenos modales. Horas más tarde, por otros motivos, me reuní con una chica francesa con la que hablé en inglés durante un buen rato, pero no podía dejar de pensar por dentro…ojalá pudieran verme ahora esas dos mujeres, estarían tan orgullosas de mí.

Que viva solo la novia

538771524Querida Ana, hoy te tengo otro cuento corto, creo que ya me están gustando. Ahí va.

Llegaron a casa muy cansados como si regresaran de una gran faena laboral y no simplemente de una boda. Ser parte de los invitados de honor es desgastante, pensaron, te hacen muchos brindis de agradecimiento, te sacan a bailar efusivamente y robas pequeños momentos de atención que no esperabas. Pero todo valió la pena al ver a una novia tan preciosa. ¿El novio? no era gran cosa, opinaban todos algo envidiosos de su suerte.

Finalmente se cambiaron sus trajes que con tanto esfuerzo ellos mismos confeccionaron y se colocaron la ropa con la que trabajaban todos los días. Cogieron sus herramientas y se alistaron para dejar la casa, antes de cerrar la puerta observaron la sala, siempre iba a sentirse vacía, siempre iba a faltar algo, mejor dicho alguien, pensaron.

Aquel día trabajaron en la mina hasta muy tarde, no tenían apuro en regresar a una casa donde ya no iba a estar su bella Blanca Nieves.

Mensaje enviado

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Querida Ana, hoy te quiero contar, a mi estilo, una historia que he vivido una que otra vez. Está bien, muchas veces. Ahí va.

El alcohol inhibe el sistema nervioso central, pero desinhibe la voluntad. Aletarga los movimientos del cuerpo, pero acelera las malas decisiones, si es que en verdad existen, quizá toda decisión siempre te deja algo bueno.

Nada es más rápido que el movimiento de los dedos cuando tomas la decisión de escribirle a esa persona que sin alcohol no te atreverías a molestar. Tu cerebro reacciona más lento a los impulsos con tragos encima, pero no hay impulso más fuerte que el alcohol para decirlo todo, sin escatimar en letras, palabras, comas, mayúsculas y signos de interrogación.

Desbloqueas el celular sin ponerte a pensar…si de verdad eres un celular inteligente, deberías advertirme de las consecuencias de lo que estoy a punto de hacer, tonto, tonto celular, me has costado medio sueldo y no tienes una aplicación para bloquear mis ímpetus. Estúpido celular, tienes mil utilidades pero no te han programado con la que más necesito en este momento.

Abres la app de mensajería. Buscas entre tus contactos, como si no supieras exactamente dónde está su nombre, con qué letra empieza, quizá tratando de convencerte de que aún la dignidad no está perdida, y es verdad, no lo está, no hay error ni perjuicio en abrir una agenda de contactos, como quien revisa cuántos amigos tiene, como quien se enorgullece de conocer a tanta gente. Pero luego encuentras su nombre y le das muerte a tu orgullo de la peor manera posible. “Hola”. Listo, te extrañaré dignidad.

Maldito sistema nervioso central, estúpida cebada malteada, lúpulos inicuos, espuma demoniaca, brebaje infernal. No, no puedo enojarme contigo querida cerveza, has sido el centro de muchas alegrías, de muchas historias, de muchas publicaciones y fotografías que no se deben olvidar. El culpable no es el alcohol. El culpable es la voluntad, o la falta de ella.

Una pantalla de vidrio te ilumina el rostro expectante, ya dijiste hola, no hay vuelta atrás, no quieres hacerlo tampoco, no piensas…demonios qué he hecho, al menos no en ese momento, piensas…demonios, cómo se demora en responder. Y quizá no se demora, quizá la respuesta llega al instante, o a la velocidad que nos permite el 4G, pero en ese estado un segundo se hace una vida, en ese segundo piensas todas las posibles respuestas. Ninguna te prepara para la que llega finalmente.

“¿Hola?”…Sí, entre signos de interrogación, porque no comprende completamente qué endemoniado motivo debes tener para escribirle a horas nada caballerescas, porque, y sin temor de ofender a los liberales, aún hay horas adecuadas e inadecuadas para escribirle/llamarle a alguien. Y ella lo sabe, porque es una chica decente, porque de no serlo no le estarías escribiendo.

Maldito sistema nervioso central aletargado, responde pues, rápido, te está preguntando ¿hola? Y su pregunta es clarísima te ha dicho todo con una sola palabra y ahora tienes a tu público expectante, se han invertido los papeles y ahora alguien al otro lado exige una respuesta con todo el derecho que la madrugada le ha dado.

“¿Cómo estás?”. Estúpido. Mil veces estúpido. ¿De qué te sirvió tanto libro leído? 5 años y medios estudiando en la Pontificia Universidad Católica del Perú desaparecieron sin más ni más. Se te fue al caño tu chamullo conquistador, estás indefenso con las pocas palabras que pasean frente a ti sin poder darles un orden coherente, maldito sistema nervioso central, maldita borrachera.

“Estoy bien, es tarde, ¿tú estás bien?”. Ahora todo ha valido la pena. Pudo reclamarte hasta el tuétano tu falta de delicadeza, tus pocos modales, tu casi agresión, pero se preocupa por saber si estás en buenas condiciones. Ya no hay marcha atrás, si antes estabas lleno de valor/alcohol (vamos, a veces es lo mismo), ahora nada te detiene, díselo, díselo, una voz que parece salir de la botella que acabas de saciar te da ánimos, te hace barras, te motiva como si estuvieras en una competencia atlética, corre, corre, estás cerca de la meta.

“Sí, estoy bien, sorry por la hora, solo quería decirte que extraño hablar contigo”. Listo, me largo de aquí. ¡Taxi! Rápido, lléveme al fin del mundo, o lo más lejos posible de este ebrio descriteriado, me revienta el hígado este borracho desbocado. Uy qué romántico, con esas palabras cualquiera es feliz de que la despierten de madrugada, lo hiciste bien beodo insulso, seguro lo que viene es un yo también te extraño. Derramé todo mi sarcasmo, animal. Encima usas sorry, porque claro, en inglés suenas más relajado, como quien no está repleto de vergüenza hasta las cejas, cuando has debido despedirte con los veintisiete gramos de dignidad que te quedaban, eliges decirle que la extrañas, como quien le deposita sobre la palma de la mano todo, sí, toma aquí me tienes, guárdame en un frasco no me vaya a pudrir, ponme en la alacena, debajo del caño, úsame como tope de tu puerta, para que no se azote con el viento, haz de mí lo que te venga en santa gana.

“¿Has tomado” Hasta el agua de los floreros. “Un poco” Maldito mentiroso, Dios te está viendo animal “¿Dónde estás” En el lugar incorrecto, ¿a dónde quieras que me vaya?, no me pido un taxi, me pido un avión. “En el bar de siempre, deberías venir” Ahora sí te excediste, la conchudez se rasga las vestiduras contigo “Ya ¿me esperas unos 20 minutos?” Ahora sí no entiendo nada. “Sí, dale, me pido una chela más y hago hora, te espero” Ok ¿qué está pasando? ¿Ya hemos caído en el sueño ebrio verdad? Me preocupa esto, quizá estamos tirados en alguna banca municipal mientras los gatos nos usan de calefacción nocturna. Todo esto debe ser falso, despierta animal, antes de que te despierte serenazgo. “Ya, ahí voy, nos vemos” “Ok”.

Bueno, bueno, deja de sonreír y pídete una chela más. Yo invito.

Vida de padres

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Querida Ana, hoy me dieron ganas de escribir otro cuento corto. Ahí va.

Es de noche y no solo la casa, el barrio entero duerme, alguna alarma de auto se oye a la distancia pero a nadie afecta. La pareja descansa, cada quien en el lado de la cama que le corresponde, el lugar que se ha ganado y ha conquistado luego de tanto tiempo de matrimonio. Se saben de memoria el sueño del otro, la respiración de sueño ligero, de sueño profundo e incluso saben cuando fingen que duermen. Todo se interrumpe con un sonido inconfundible.

Es el bebé, dice él. Seguro tiene dolor de barriga. No, ayer fue dolor de barriga, seguro no puede dormir bien, responde ella. Bueno, te toca a ti. Sí claro, me toca a mí, como me tocó a mí cuando había que hacer la fórmula, que por cierto tú nunca aprendiste, y me tocó a mí cuando tenía fiebre, no señor, esta vez es su turno de levantarse. Ya, bueno, me levanto, siempre me he levantado cuando se trata de mis hijos, no tienes que hacer un drama mujer.

El esposo responde el celular.

  • ¿Aló hijo, qué tiene el bebé?
  • No sé papá, no deja de llorar, ¿las gotas las pongo en la leche o se las doy directamente en la boca?

 

 

 

Adiós Cinthia

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En medio de una carretera a oscuras, el buen samaritano conduce sin otra preocupación que la de llegar a casa y ver a su familia, hasta que unas luces intermitentes que se hacen cada vez más grandes distraen su atención. Un auto detenido con el capó abierto y un hombre al lado suyo con rostro de preocupación son suficientes motivos para detenerse, piensa el buen samaritano.

Algunos problemas no tienen solución, otros sí, como por ejemplo arreglar este auto, le dice al hombre en apuros, quien responde con una sonrisa nerviosa. Uno, dos, el auto enciende al tercer intento y el hombre en apuros no puede más con su felicidad. Acerca su mano a su bolsillo y antes de que pudiera sacar la billetera el buen samaritano lo detiene con un amable pero irrefutable “es deber de todo buen cristiano ayudar al prójimo”.

El hombre en apuros ve alejarse el auto del buen samaritano y se despide con el brazo. Satisfecho con su suerte, sube a su auto y sigue su camino. Unos minutos después el hombre en apuros sale de la carretera por una trocha, se estaciona y encuentra el lugar perfecto para enterrar el cuerpo de la chica que lleva en la maletera.

El sueño olímpico de Río 2016

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Querida Ana,

La primera vez que entré a un velódromo no entendí muy bien lo que estaba viendo. Tenía 16 años y frente a mí había una estructura de cemento en forma ovalada con inclinaciones y curvas concéntricas, la pista tenía una línea negra muy cerca al borde interior y a unos 50 centímetros había otra línea azul descolorida. En el medio había un gran espacio lleno de piedras, maleza, incluso algo de basura, mucho polvo y de protección había una baranda oxidada. A un lado de la meta se levantaba una pequeña tribuna de cemento de unas 5 o 6 gradas donde nadie se sentaba a observar, el espacio tenía un aspecto fantasmal, olvidado, escondido, aquel día nada de lo que vi me podría haber sugerido que ese se convertiría en uno de mis lugares favoritos de mi adolescencia y uno de los más importantes de mi vida.

A los 16 años entré a un mundo que me enseñó disciplina, el valor del esfuerzo, la dedicación, el sacrificio y lo bello que significa alcanzar la meta que te has propuesto. Entrenaba ciclismo en el velódromo los martes, jueves luego del colegio y los sábados en la mañana. Los miércoles, viernes y domingos íbamos a la carretera a recorrer la mayor cantidad de distancia posible, siempre bajo la mirada y los gritos de mi ex entrenador, ahora amigo, Víctor Elías Morón, “El toro”.

El ciclismo se volvió una parte importante de mi rutina y no solo lo practicaba, sino también me volví algo fanático, buscaba información por todos lados de competencias, torneos internacionales, deportistas, fotografías y vídeos en un mundo previo a las redes sociales, los hashtags y las transmisiones en vivo por Facebook. Grababa en VHS (todavía los tengo guardados) la transmisión del Tour de Francia por ESPN. Y en la transmisión de las olimpiadas de Atenas 2004 estuve atento a las competencias de ciclismo de velódromo. A esa edad no escatimas en soñar y me ilusioné con la idea de ir a competir alguna vez en una olimpiada y colocarme los colores de mi país frente a todos los demás deportistas y fanáticos del mundo. Llegó un momento de mi vida en que tuve que tomar una decisión y el sueño murió en el camino.

15 años después de aquella primera vez en el velódromo de la VIDENA estaba caminando por una rampa para ingresar al velódromo en las olimpiadas de Río 2016, no como deportista, como lo había soñado, sino como espectador. Nada de lo que había visto en televisión o internet durante tantos años me preparó para lo que vería y sentiría aquella tarde de agosto.

Estaba frente a una estructura hermosa de madera ovalada con línea concéntricas negra, azul y roja, además del logo respectivo de Río 2016 y los 5 anillos olímpicos que representan los 5 continentes, unidos bajo un mismo corazón deportivo. En el centro se encontraban los espacios de preparación y calentamiento de los deportistas. Siempre he pensado que un deportista olímpico es una especie de héroe, de súper hombre y frente a mí habían decenas de ellos sobre sus bicicletas de fibra de carbono, el mismo material con el que se hacen las transbordadores espaciales. Algunos estaban dando vueltas alrededor de la pista, otros en unos rodillos de entrenamiento, algunos con audífonos, todos concentrados y preparados para la faena que se venía encima. Hombres y mujeres de todo el mundo que se habían ganado el derecho de representar a su país frente a todo el planeta. Sentí que era un mortal al que se le había permitido una breve entrada al olimpo, para observar a los dioses.

Una vez que empezaron las competencias todo pasó muy rápido. Las finales de velocidad donde se alcanzan los 60 km/h, los movimientos temerarios, la inteligencia para atacar en el momento adecuado, la destreza para mantener el equilibrio mientras giran la cabeza para ver a sus rivales, el peligro latente en la competencia por puntos, la eliminación, la persecución todo acompañado del grito de cientos de personas de todo el mundo, fanáticos como yo, ¡Allez, allez! ¡Andiamo! ¡Go, go! ¡Vamos, vamos! Todos hablábamos ciclismo y nuestro corazón era el mismo.

Video: Prueba de eliminación (llamada australiana). Cada dos vueltas hay un sprint el último en llegar es eliminado, así hasta que solo hay un ganador.

Algo maravilloso pasó en Río 2016 y pude ser parte de ello. En las tribunas de los escenarios deportivos los espectadores alzan sus banderas, se pintan la cara con los colores de su país, gritan y alientan a sus deportistas. Pero sin importar el color del uniforme, el estadio entero grita y apoya a todos, se celebra el esfuerzo entregado, todos son conscientes de lo complicado y sacrificado que es llegar hasta ahí, todos adoran las historias de éxito y estábamos en presencia de muchas de ellas, así que alemanes alentaban ingleses, iraquíes aplaudían a brasileros, rusos, croatas, mexicanos, colombianos, en las gradas no habían pasaportes, muros, ríos, fronteras que separaban a las personas, todo lo contrario, una olimpiada es ese maravilloso y único momento donde rival es sinónimo de amigo.

Luego llegó el momento más especial. La ceremonia de entrega de medallas. 3 deportistas en fila caminaron hacia el podio donde los esperaban autoridades deportivas, uno a uno les colocaron las medallas, primero el bronce, luego la plata y finalmente el oro. El aplauso de la gente no para pero los gritos se hicieron más fuertes cuando el primer lugar recibió su merecido metal. Y luego, de golpe, el velódromo entero se unió en un respetuoso silencio. El himno de Inglaterra dominaba el lugar, todos los espectadores sin importar el país se pararon de sus asientos para escuchar la melodía, y ahí mi corazón se movió de su sitio un poco, creo que no regresará a su lugar nunca. Solo el deportista sabe el camino recorrido hasta ese podio, no empezó ese día, empezó hace años y significó no solo entrenamiento, técnica y constancia. Significó sacrificio, llanto, caídas, dolor, determinación, valentía y todas las hermosas emociones que el deporte te hace vivir. Pero el rostro con el que canta su himno te dice que todo valió la pena. Luego del silencio nuevamente los aplausos y gritos estremecieron las estructuras del velódromo olímpico (techado) de Río de Janeiro.

No pude cumplir el sueño de competir en una olimpiada, pero lo reemplacé por el de ser parte de una. El ciclismo nuevamente me hizo sentir esa hermosa emoción que significa alcanzar una meta propuesta. Con los años aprendes que el tamaño de los sueños no tiene nada que ver con la edad y que nunca deberías de escatimar al plantearte uno.

Mi camino hacia Río 2016 empezó 15 años antes, aquel día en el velódromo de la VIDENA, fue difícil, sacrifiqué algunas cosas, pero poco a poco los puntos en mi vida se unieron y podré decir hasta el final de mis días que una vez estuve en el Olimpo.

Un estilo de vida para tener en cuenta

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Querida Ana, es probable que hayas oído de los estilos de vida definidos por el señor Rolando Arellano. Luego de una investigación que inició hace casi 20 años se llegaron a establecer 6 perfiles (personalidades grupales) definidos por variables como el comportamiento, tipo de consumo de bienes y servicios, deseos y motivaciones, etc. Si te interesa conocer cada grupo y sus características puedes entrar al siguiente link:

http://www.arellanomarketing.com/inicio/estilos-de-vida/

Quienes hemos estudiado publicidad definitivamente los hemos leído, analizado, memorizado y debatido.

Hoy quise escribir sobre un perfil también definido por el comportamiento, motivación, sueños y consumo de bienes y servicios, evidentemente sin ningún respaldo científico, académico o profesional que lo sustente, pero conozco a algunas personas que bien podrían sentirse identificadas por este nuevo perfil, y sé que cada día van creciendo en número, por eso creo que vale la pena hablar de ellos, no está de más decirte que me incluyo en este perfil, ahí va:

Los temerarios

Definido por aquellas personas que no se dejan presionar por sus ingresos económicos al momento de conseguir sus sueños, tienen gusto por la tecnología pero valoran mucho el reloj del abuelo, la máquina de coser de mamá y los álbumes de fotos que están en la sala.

Aman su trabajo pero no es su único amor y lo hacen para llenar su alma, no solo su cuenta bancaria. Están en todos los NSE pero no ponen en niveles a las personas sin antes conocerlas. Son progresistas porque quieren que cada celebración de cumple supere a la anterior; son conservadores: siempre dicen gracias, por favor y lo siento cuando es pertinente.

Consumen productos y servicios escuchando atentamente lo que su corazón les dice, viajan muy lejos para conocer su interior y se divierten preocupados constantemente en la cuenta, la que de verdad importa, la de los días que valieron la pena.

Son temerarios porque temen que el sueldo no alcance hasta el día 30, pero ser valiente no es la ausencia de miedo, es arriesgarse a continuar a pesar de tenerlo. Por eso ellos se lanzan a disfrutar su vida con el miedo en la garganta, porque así, cuando consiguen lo que los hace felices lo disfrutan doblemente.

Son los que saben que de las cosas importantes el dinero es lo menos importante.

 

Brother, no te bajes del avión.

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Querida Ana, hay muchas cosas de mí que aún no te he contado (quizá sea mejor que no las conozcas todas), pero una que sí te puedo contar con mucho orgullo y sin miedo del reproche: soy fanático de la serie Friends. Sí, he visto todos los capítulos más de una vez, todas las temporadas, las escenas eliminadas, los especiales, etc. Tengo una colección completa de los dvd originales, un libro y hasta un juego para PC, además de la respectiva app en mi iphone.

Y aunque me encantan casi todos los capítulos y a pesar de saberme de memoria casi cada línea de guión, no puedo negar que hay ciertas cosas que pudieron ser mejor, algunos chistes forzados, alguna escena innecesaria, etc, etc. Hoy te quería hablar de algo que pasa en el último capítulo (spoiler alert) y siento que estuvo mal. Pero no por un error de guión, o un mal chiste, o algún error de continuidad. Algo mucho peor.

Te dejo el link de la escena a la que me refiero exactamente, o bueno al desenlace de la historia de estos dos personajes, Rachel (la amo) y Ross.

Divertido ¿Verdad? Emotivo, sí, romántico, según por lo que se suele entender por romántico…sí, muy romántico. Pero, siento que aquí hay algo que salió mal. Es evidente que la serie es una ficción, los personajes salen de la cabeza de algunos guionistas y que el objetivo de la historia es entretener. Pero luego de analizar un poco lo que sucede, me di cuenta de que Rachel debió subirse a ese avión. Me explico.

Vayamos a lo básico, esta es la historia de una chica tiene la oportunidad de trabajar en París, donde no solo puede demostrar lo que sabe, sino que puede aprender un mundo de cosas nuevas, abrir una nueva etapa en su vida, desempeñarse en su trabajo de ensueño. Pero no lo hace, porque el ex enamorado le pide que se quede. Ella se baja del avión, le dice que sí al amor y le dice que no a un futuro lleno de oportunidades.

En mi opinión, si una amiga me dice que dejó de ir a París a trabajar en moda teniendo un puesto asegurado allá, simplemente porque el ex novio le dijo que se quedara, pues le grito. Le digo toda su vida, le compro otro pasaje y la mando para allá. ¡Qué rayos! A ver, no soy un resentido del amor ni nada por el estilo, todo muy bien con historias así, pero en la vida se presentan oportunidades a las que simplemente hay que decirles que sí.

En la vida hay que decir, sí, me voy, sí, me subo al avión, sí, hagamos este proyecto, si te da miedo pues lo haces con miedo, Rachel se va a quedar con la duda toda su vida de…¿Qué hubiera pasado si…? Al final de lo único que uno se arrepiente es de las cosas que no hace, las cosas que inicia terminan bien o terminan mal, en ambos casos te queda el aprendizaje, algo que siempre es positivo. La vida es para emprender constantemente, de seguir eso que siempre amaste, evidentemente una relación puede ser parte de eso, pero si ya estás en el asiento del avión, si todo indica que vas a crecer, no puedes tomar una decisión así basado en un amor, sobre todo si se trata de algo que ya pasó. Es decir, de un ex.

Brother, ¿te imaginas? Fuiste a la despedida de un amigo o una amiga que dejaba el país, y luego, a la semana, te la encuentras en la calle y le dices ¿Oye, no te ibas a trabajar a Europa?…ah no es que mi ex me pidió que me quedara. Ah ok, entonces todo bien, suerte…no pues, evidentemente esas cosas no se hacen. El amor es increíble, es lo que nos mueve a todos, pero no me parece correcto cambiar una vida de oportunidades por algo que ya sabes qué tiene de bueno y qué tiene de malo.

Todos celebramos y nos emocionamos cuando Rachel aparece en el departamento de Ross y le dice…”sí, me bajé del avión”, porque nos pareció “romántico”, y no solo en esta serie, en alguna que otra película la historia se repite, la chica se va en el tren, en el bote, en el auto a vivir otra vida, y de pronto retrocede ante el pedido (a última hora) de su ex pareja, y ella dice, rayos! cambiaré mi futuro por algo que es parte de mi pasado!…demonios! en serio hay que aprender a dejar ir algunas cosas.

La serie Friends es una de mis favoritas, pero si una novia me dice que me va a dejar por estudios, por su carrera, por un trabajo mejor en otro continente, le ayudaría con las maletas, le daría un beso y le desearía mucho éxito. Y si una ex me pide que me baje del avión cuando estoy a punto de cambiar mi vida, le diré…sí claro, me bajaré del avión, pero cuando llegue al otro aeropuerto.

Me han dado ganas de hacer propaganda

Querida Ana, hoy estuve pensando sobre un par de términos que existen en mi carrera, y  siempre se han diferenciado teóricamente, pero creo que tal diferencia ha cambiado un poco. Me explico:

Una de las primeras cosas que te enseñan en las universidades, institutos o talleres sobre publicidad es la diferencia entre el concepto “Propaganda” y “Comunicación comercial”. Se nos dice que para un profesional de la publicidad usar la palabra propaganda para referirse a una campaña de comunicación comercial es un error inaceptable, casi un pecado, una razón para ser rechazado por la comunidad publicitaria mundial hasta que se acabe la botella de aceite, incluso después.

Pero, a riesgo de ser vetado hasta el fin de los tiempos por mis colegas, considero que tales términos se pueden diferenciar en la teoría, pero en las prácticas actuales de la carrera, la línea es cada vez más difusa. Cambia de canal está dando propaganda, es lo que nuestros padres y hermanos dicen diariamente, hoy quizá digan, esta propaganda me aparece cada vez que intento ver un video en youtube. No creo que estén equivocados, no creo que estén equivocados aquellos publicistas que se refieran a una campaña usando el término propaganda. Y ahora explicaré por qué, reserva tu odio unas líneas más.

Analicemos este póster de propaganda Nazi. Una muchacha sonríe con rostro de esperanza y la alegría de sentirse útil al aportar con el desarrollo de su país. Sus cabellos están perfectamente trenzados, la blusa, el saco perfectamente planchado y la corbata anudada correctamente. Una muchacha correcta para la época. Detrás de ella hay un halo de luz que ilumina la escena, reforzando la esperanza que este póster intenta comunicar. Nuestra protagonista sostiene una lata de donaciones, y ¡vaya! Tiene una esvástica impresa en el centro, detrás de ella hay unas flores, naturaleza, crecimiento, esperanza nuevamente. Y para cerrar el póster un call to action (escrito tal como se escriben hoy luego de 70 años) que nos dice: baut jugendherbergen und heime o en español: Construyamos albergues y hogares. Chan!!!

Recordemos que luego de la Primera Guerra Mundial (o la gran guerra como se le conoció entonces) Alemania quedó como uno de los grandes perdedores. El país terminó quebrado, emocional y económicamente. Millones de viudas, sobrevivientes sin empleo, inflación, hambre y demás problemas sociales. Se necesitó mucho para recuperar estabilidad en todos esos aspectos. El elemento principal usado para tal objetivo fue la gente, la unión de los alemanes para ser exactos. Pero ¿Cómo convencer a los ciudadanos de que ese era el único camino hacia el cambio? Vendiéndoles la idea de ello. Vendiéndoles un mensaje claro: Alemania necesita de los alemanes hoy más que nunca, unámonos. Precisamente en eso consiste la propaganda, en vender una idea con fines sociales o políticos. En el caso de este póster el objetivo económico era el de conseguir donaciones, pero es una pieza que forma parte de una campaña mucho más grande, una campaña propagandística según el clásico entender del término.

Listo, la propaganda tiene fines ideológicos, políticos, sociales, sirven para vender una postura más que un producto o servicio particular. En este caso los integrantes del partido nacionalsocialista obrero alemán buscaban vender una filosofía: la unión hace la fuerza alemana.

Ahora veamos este spot de hace un par de años de Nike, un muchacho con sobrepeso corre hacia cámara, claramente agotado da pasos cortos, el sudor ha invadido su cuerpo, tiene una camiseta de hacer deporte, no está escapando de algo, no está apurado por llegar a algún lado, su ropa nos dice que está corriendo porque así se lo propuso. Para dramatizar más la escena, la carretera está despejada, no hay casas, autos, personas cerca, podemos decir que por ese lugar no pasa mucha gente con frecuencia, nuestro personaje está completamente solo, el sol está retirándose, es tarde. Nuestro personaje parte de la lejanía y poco a poco va creciendo en tamaño en relación al encuadre, su esfuerzo se va haciendo cada vez más patente, la cámara retrocede lentamente, como apreciando su hazaña. La opinión que tenemos de él ha cambiado, ya no es un punto en el horizonte, o un muchacho que hace ejercicio, es un hombre que lucha contra el único rival que tendrá toda su vida: él mismo. Y un elemento que no tenía el poster nazi, el audio. Pequeños efectos de sonido, ambientales que describen un campo despejado, sus pisadas apuradas pero cansadas, casi arrastra los pies (que llevan puestos zapatillas Nike), y la locución, un hombre que casi nos susurra su diálogo, evitando interrumpir la faena deportiva, una locución cuyo contenido desestabiliza nuestra idea pre concebida de la palabra grandeza. Y ese es el objetivo comunicacional de la pieza. Durante un minuto Nike cuestiona el sentido de la palabra grandeza. Pone sobre la mesa el debate. ¿La grandeza está reservada para unos pocos?

La comunicación comercial tiene como objetivo agregar valor intangible a cualquier producto o servicio que se esté ofertando (De ahí viene la palabra comercial). A lo largo de los años la forma de esta comunicación ha ido variando, pasando por ser netamente informativa, a ir siendo cada vez más persuasiva, pero para persuadir necesitas argumentos, es ahí que nacieron los slogans, copys, bullets en los avisos de prensa, infomerciales, etc. Se necesitaba manejar la información de manera relevante para el consumidor con el fin de que viera un producto más atractivo que otro.

Pero la gente cambia, y la publicidad también. Es así que hubo la necesidad de hacer marcas (marcas, no productos) más atractivas que otras, dejamos de vender (en la comunicación) beneficios y empezamos a vender sensaciones, redujimos el tamaño de los empaques y ensanchamos el titular, las fotos dejaron de ser personas usando el producto y pasaron a ser personas disfrutando de la vida. Yo quiero ser como la chica del comercial, yo quiero que me miren como miran al tipo que aparece en el panel. Identificación, aspiracional, hipérbole, términos que se hicieron más frecuentes en las agencias de publicidad.

Pero el fondo era el mismo, la publicidad cambió porque las personas no son tontas, saben que cuando una aerolínea no les habla de pasajes, sino de recuerdos y experiencias…al fin y al cabo están hablando de pasajes. Entonces pasamos de hacer productos más atractivos que otros a hacer marcas más atractivas que otras y hoy tenemos la necesidad (según mi opinión) de hacer posturas de marcas más atractivas que otras. Una persona que tiene algo interesante que decir sobre la vida es respetada y valorada. Si no me creen entren a twitter. Las personas que tienen cuentas no comerciales han captado seguidores porque usan los 140 caracteres para expresar lo que piensan, lo que sienten frente a la vida, frente a lo que les pasa alrededor. ¿Por qué tienen tantos seguidores? Porque su forma de ver la vida es atractiva. Qué cierto es lo que dices, te voy a retuitear, qué divertido lo que acabas de postear le voy a dar like, jajajaja qué buena!! Toma tu share!

Lo mismo pasa con las marcas. Qué aburrida es una marca que no tiene una postura frente a la vida. Cada categoría se enfrenta a retos y problemas sociales, a un contexto. Si la voz de la marca no tiene algo que decir frente a eso, no es atractiva, pasa desapercibida, quizá es reconocida como una marca valiosa, de productos de gran calidad (según lo que su target entienda por calidad) pero basta con que su competidor levante una bandera con un mensaje valioso y los demás lo seguirán. Entonces hoy no se venden beneficios, no se vende sensaciones, no vendes marcas, vendes una filosofía frente a la vida. Tus consumidores te van a dar ganancias, no los pierdas, pero es mucho mejor que además sean tus seguidores.

Entonces el spot de Nike, de haberse hecho en los 60s habría carecido de presencia de una persona con sobre peso, habría sido un plano cerrado de las zapatillas y el locutor nos habría encandilado con los beneficios de comprarla y correr con ella. En los 90s habría sido un muchacho ágil, corriendo por un busque, saltando piedras en cámara lenta, tomas cerradas de las zapatillas, pero muy pocas, cerrando con un slogan que no habla de los beneficios, sino que nos vende una sensación aspiracional. El 90% de compradores de esa zapatilla no se ven como el que aparece en el spot de esa zapatilla, sin embargo el copy nos diría: Solo hazlo.

Este spot es más sincero (porque las personas son más sinceras), el locutor nos habla en tercera persona, nos cuenta lo equivocado que hemos estado, nos dice que para Nike la grandeza no está reservada para unos pocos. Esa es la idea que nos quiere vender. No hay precio, no hay beneficio diferencial, no hay una sensación aspiracional, no hay slow motion, en la vida real no existe el slow motion maldita sea, hay un muchacho obeso que apenas puede con su aliento, pero que no se rinde. Es una idea lo que se desea vender. Una postura frente a la vida (que es relevante a la categoría del producto y al estilo de vida del consumidor).

Entonces. Es cierto que “propaganda” y “comunicación comercial” nacen de distintos objetivos, y es por eso que en esencia son distintos. Pero si nos detenemos un poco y analizamos las formas, en la práctica hoy se parecen mucho, terminan vendiendo lo mismo: una filosofía. No sé cuánto dinero habrá recaudado la campaña del póster nazi, pero en 1933 Hitler se convierte en canciller con el 43% de los votos. Es decir pudo vender su filosofía a 43% de los alemanes, (el segundo lugar obtuvo 18%).

La propaganda hace latentes sus objetivos, encubre sus intenciones porque el objetivo es conseguir partidarios, votos, firmas, etc. Las marcas no esconden sus objetivos comerciales (pero tampoco los hacen evidentes) pero venden su filosofía con el objetivo de obtener likes, shares, etc. Quizá esa es una diferencia que aún existe y no puedo negar. La propaganda sigue cayendo en el adorno y la exageración. La publicidad es cada día más honesta. (hablo de la publicidad que es más memorable). Pero ambos, propaganda y publicidad hoy se parecen mucho al llevar una bandera por delante. Y las marcas que se comportan acorde a esa filosofía en la práctica tienen más seguidores, y tienen mayores probabilidades (no certeza, probabilidades) de tener mayores consumidores.

Para terminar. En Londres la marca Volvo lanzó un producto que ¡oh vaya! No es un auto. Una pintura vendida en spray se hace visible solo al recibir la luz, con la finalidad de que los ciclistas la usen y sean vistos fácilmente por los conductores durante la noche. Volvo, una marca que nos lleva a pensar en seguridad (valor emocional de la marca) asume como real los problemas que están en relación directa con su categoría: los accidentes de tránsito. En este caso con ciclistas de por medio. Entonces, levanta la bandera, nos cuenta su filosofía: la mejor manera de sobrevivir a un accidente es no tenerlo. Si retrocedemos un poco Volvo nos habla de seguridad, de lo importante que es cuidar la vida de las personas. Yo opino lo mismo Volvo, yo te doy like, yo veo tu video, como lo hicieron casi 7 millones de personas en este caso. Pero la marca no solo se queda en mostrar su bandera y gritar su filosofía a los 4 vientos, actúa. Y ese es el camino por el que transitarán las marcas exitosas en el futuro. Este es un caso especial, en el comercial de Nike al menos el muchacho usaba las zapatillas, en este video no recuerdo haber visto un auto Volvo. Pero ambas piezas publicitarias generaron conversación positiva hacia la marca, porque puso en la mesa su punto de vista y no lo dejó en palabras, sino también en acciones que buscan solucionar un problema. ¿Cómo no seguir a una marca así? Cómo no comprar su ideología, su filosofía. Quizá no tenga dinero para un Volvo, no soy su consumidor, pero te aseguro que soy tu seguidor. Pero si analizamos esta acción por parte de Volvo, nuevamente nos encontramos con un intento por vender una manera de pensar: la regla de convivencia social número 1 es la de proteger la vida humana. Como lo veo, este mensaje tiene menos ingredientes comerciales y un poco más de propagandístico. Pero, lo admito, nacen de entes distintos y tienen objetivos distintos. No estoy preparado para llamar propaganda a una campaña comercial, pero no tengo miedo de afirmar que la diferencia entre ambas se ha hecho más difusa. Quizá en el futuro sean lo mismo.