Que nada te separe de este libro

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Querida Ana, no es necesario explicarte el poder de los libros, no es la intención de esta carta, pero debemos admitir que a veces llega a tus manos uno con la capacidad de doblegar tus expresiones, que toca insospechadamente fibras internas. Hoy te quiero contar lo que me pasó con “La distancia que nos separa” de Renato Cisneros y por qué este libro hizo eso conmigo y me quebró más de una vez.

Debo confesarte que el acto de comprar un libro me atemoriza. No es una repulsión de la que te hablo. Comprar un libro me atemoriza porque leer es una actividad que no admite distracciones, multi tareas o estímulos innecesarios. Leer es una maravillosa actividad que requiere una mínima atención para disfrutarla correctamente. No puedes conducir un auto y leer, bañar a un bebé, escribir un informe, manejar bicicleta, operar a alguien y al mismo tiempo leer tu novela favorita. Leer te da mucho, pero a cambio de pide algo que nunca podrás recuperar, tu tiempo. Temo entregar mi tiempo a un libro que no lo valga. Felizmente no pasó así con “La distancia que nos separa”. Me siento más que satisfecho con los resultados de mi inversión.

No pienso hacer un análisis literario, metódico, conceptual y narrativo del libro, no creo que estés esperando algo así y tampoco tengo la capacidad académica para animarme a hacerlo. Voy a contarte lo valioso que encuentro en este libro desde el pensamiento que he manejado durante ya casi 10 años de mi vida: el publicitario. No frunzas el ceño, te aseguro que este libro y la publicidad, esa que a veces contamina nuestro día a día, tienen un punto en común importante y creo que ese punto es una de las razones (no la única ni digo que sea la más importante) del éxito de este libro que será traducido al francés y al alemán. Déjame explicarte.

En mis clases de la PUCP, (curiosamente el autor fue mi profesor en la PUCP) intento explicar a mis alumnos la definición, importancia y consecuencias de una palabra que todo publicista ha oído: insight. No te preocupes, no pienso aburrirte (como quizá aburro a mis alumnos) con una extensa definición y reflexión sobre el tema. Pero es necesario que te cuente algo de esta palabra para que entiendas cómo es que este libro pudo quebrarme en más de una ocasión.

Un insight es un hallazgo. Es una verdad que forma parte de la vida de las personas. Pero no es cualquier verdad. Es una verdad con la peculiaridad de que está frente a nuestras narices, todo el tiempo, pero curiosamente no creemos necesario prestarle atención ni análisis hasta que una marca la coge, la usa y arma con ella un mensaje comercial, con la forma de una campaña. Es entonces cuando caemos en la cuenta de ella y decimos…¡sí pues, eso pasa! Este libro es un contenedor de muchos insights, algunos más intensos que otros, pero todos reales, honestos y conmovedores. Al momento de leer este libro descubres una verdad que nos mueve el piso: Todo lo que conocemos de papá no es todo lo que papá es.

Es ese quiebre en nuestras emociones filiales que conecta con los lectores, creo yo. Llego a esta conclusión siendo yo el único sujeto de estudio. Así que pido disculpas si al leerlo no sientes lo mismo y mi presunción de que actuará en ti de la misma maravillosa manera que hizo conmigo te genera una expectativa sobredimensionada. Perdón si te sobre vendo el libro. Soy publicista, no puedo evitar, a veces, maquillar un poco la verdad.

Desde las primeras páginas, hasta el último párrafo, este libro te plantea una gran pregunta. Una que no todos nos hemos hecho, una que estuvo ahí frente a nuestras narices y sin embargo la hemos ignorado, consciente o inconscientemente. ¿Qué tanto sé de papá? Y esta inevitablemente te lleva a otras ¿Es como yo lo he construido en mi mente? ¿Es mucho más, mucho menos, totalmente distinto? Responder estas preguntas presuponen un temor, un temor como el que te describí líneas arriba, para saber si un libro es bueno, hay que leerlo y eso supone una inversión de tiempo que no volverá, para responder estas preguntas necesitas invertir emociones y arriesgar memorias y momentos de tu vida que hasta hoy te hacen sonreír y que quizá pierdas, pero solo con lanzarte hacia ese abismo podrás disipar estas dudas. Una vez recorrido el camino, no hay vuelta atrás. Nadie podrá devolverte al estado de ignorancia previo a la investigación. Es así que empieza el libro, con una historia de coraje por parte del autor. Se lanzó al abismo que significa el mirar hacia atrás.

La valentía a veces es premiada. Digo a veces porque de eso se trata, vencer el miedo es un mérito que no siempre trae medallas y satisfacción. Solo el autor sabe en su interior si la búsqueda realmente fue fructuosa o no. Yo quiero creer que sí. Pero porque me gustaría pensar que conocer a papá es una hermosa tarea, que solo lleva consigo un gran premio, el conocerte a ti mismo también.

Pero regresemos al tema del insight. La pregunta está planteada, la verdad está desnuda y ahora no podremos jamás cubrirla con desinterés ni ignorancia. El libro (como los mejores libros que he leído) te lleva a una orilla distinta, a un lugar nuevo y no siempre puedes volver. ¿Quién es mi papá? Esa figura masculina que forma parte de la vida de muchas personas (para bien o para mal) nos marca desde nuestras primeras memorias. Este libro (al igual que una buena campaña publicitaria) te hace reflexionar sobre ti mismo, sobre tus emociones y en este caso sobre tu relación con papá.

Regresas en el tiempo mientras tus manos cambian expectantes de página en página (porque el libro te atrapa por muchos momentos), regresas a esas interacciones típicas de todo padre e hijo. El autoritarismo incomprensible de sus advertencias, la fuerza y poder de su cuerpo, regresas al tiempo en que veías a papá como un muro indestructible que te hace sentir protegido del mundo que aún no conoces completamente, el libro te hace recordar lo divertido que era tener un amigo que jugaba contigo, la capacidad que tienen los papás para sacarse la capa, los lentes de rayos x y el escudo para ser un niño más jugando pelota o meterse al mar y temer a las olas igual que tú. El libro es una sucesión de momentos únicos entre el autor y su padre, pero que todos hemos disfrutado en algún momento. Es una historia única, que se repite en cada lector y por eso te sientes protagonista de un libro que no escribiste, sino que parece que escribieron por ti.

Son esos insights los que no te dejan en paz. Es esa reflexión que te lleva a pensar en cosas en las que no habías pensado en muchos años. Te entristece saber tan poco de tu papá. Te alegra recordar lo maravilloso que sabes de él. Te emociona pensar en las cosas que podrías encontrar de él si te haces las mismas preguntas que el autor. Y son las respuestas las que más te atemorizan. Es un libro delicado, lo tocaba con cuidado, como si debiera protegerlo de caídas o golpes, temeroso de que se rompiera y expulsara alguna verdad mía, algo que yo no quería saber. O que sabía pero quería olvidar. Leer este libro me llevó a un desgaste emocional que valió totalmente la pena.

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Dejemos por un momento la publicidad. Hablemos de historia. Al terminar de leer “La distancia que nos separa” sentí que tocó el timbre de fin de clases del colegio. La historia de los personajes influyó mucho en la historia del Perú y viceversa. Es crucial en casi todo el libro enmarcar el contexto social, político y económico del país (y el mundo) en el momento en el se desarrollan los hechos para entender mejor a los personajes y sus decisiones. Si las clases de historia del Perú del colegio entre los años 40 y 90 te fueron insuficientes, este libro te puede servir de mucho. Es un recorrido, con tono crítico, de lo que pasó en nuestro voluble sistema de gobierno republicano, épocas donde al mismo tiempo en que los terroristas disparaban contra la sociedad, la economía era acribillada por decisiones políticas improvisadas. El libro te ofrece un ejercicio de reflexión sobre lo que sucedió en nuestro país en los años que más marcaron nuestra historia reciente (bueno, reciente es una manera de llamarla). En mi caso me sirvió también para conocer un poco de un familiar lejano, cuyo nombre se menciona en un pequeño momento, pero lo suficientemente grande para recordarme que en toda familia siempre hay alguien que no te llena de orgullo. Es curioso descubrir que este libro tiene mucho de cada lector porque no solo es la historia de los protagonistas, sino que también tiene mucho de la historia de todos los peruanos.

Puedo seguir contándote fortalezas del libro, la manera cómo está escrito te permite una lectura ágil, aunque el contenido no es nada ligero, por momentos es inevitable abrir mucho los ojos ante la exposición de la privacidad de la familia Cisneros. El autor ofrece un relato íntimo, pero también nos invita a la intimidad de su madre, sus hermanos, tíos y amigos, y a veces no puedes discernir si para bien o para mal. No soy para nada un mojigato, el libro se trata de un descubrimiento, y por eso siento que fue necesario el develar tanto de la vida privada de sus personajes, pero me puse a pensar en lo que diría mi familia si me atreviese a contar tan públicamente aquellas experiencias que no se suelen comentar en cada almuerzo familiar, sino que se callan por la intensidad de su naturaleza, imagino a mi familia dándome las más duras críticas, no literarias, pero sí morales. Y quizá con algo de razón. Quizá no. Deberías leer este libro y juzgar por tu cuenta. Pero este desprendimiento de la privacidad hace que el libro se sienta auténtico, real y honesto. Pero para eso el autor ha abierto la puerta de su casa a todo el mundo y nos deja ver qué hay debajo de la cama y dentro del closet. Espero no haber motivado tu morbo. Pero admitámoslo, algo tiene el peruano que siempre quiere saber eso que no necesariamente le corresponde saber.

Querida Ana. Este libro me llevó a una conclusión. Los padres no son perfectos. Menos el mío. Pero no tienen por qué serlo. Es una de esas cosas que aprendemos cuando nos acercamos más a la adultez. Nuestros padres empiezan a tener errores, vicios, terquedades y defectos que vemos en el mundo y que un día nos damos cuenta de que estuvieron en nuestro mundo todo el tiempo depositados en la figura de quien fue nuestro primer maestro. Pero no tienen que ser perfectos. Para nada. Muchas personas quieren evitar el peso que significa la historia de su padre. Pero siempre será un peso, la historia de papá no tiene que ser ligera. Creo yo. Si nuestro papá es un tipo admirable, no solo por su familia, sino por personas fuera de ella pues deberíamos tomarlo como un motor, como un impulso y no como una vara a la que hay que superar, o una presión con la que hay que vivir. Somos responsables solamente de nuestras actos, no de los de papá, así que la comparación no tiene por qué connotar una tensión insoportable, todo lo contrario, debería suponer una vitamina que nos lleve siempre hacia delante.

Pero si por el contrario la figura paterna no nos enorgullece. Es nuevamente un valor positivo, si decidimos tomarlo así, para llevar nuestro camino sobre las vías adecuadas y no por las que eligió papá. Es un peso, claro que sí, pero no podemos borrarlo, el dejar de hablar de papá no lo borra, no lo desaparece. Perdona que ponga sobre la mesa esta reflexión, pero es precisamente una de las cosas que me trajo este libro. La reflexión sobre mi papá, sobre lo que pienso de él y sobre lo poco que sé de él.

Te recomiendo que leas este libro porque es una conversación pendiente que todos tenemos. El autor quiere saber de su padre y no lo tiene ya consigo así que debe investigar en publicaciones, documentos entrevistas dentro y fuera del país, porque su padre ya no está. El libro nos recuerda de una manera maravillosa que algunas cosas hay que conversarlas así no nos sean cómodas, mientras podamos llevarlas a cabo con papá, nos recuerda que él siempre está para nosotros, con sus defectos, con su humanidad, pero está ahí para nosotros cuando queramos hablar con él, siempre y cuando nos demos el tiempo y valor para hacerlo. El libro es intenso porque la relación que tenemos con papá siempre lo es.

Querida Ana, cuando termines de leer este libro querrás averiguar más de tu papá. Me pregunto ¿tendrás el valor de hacerlo?

Pd. En la foto de este post mi padre tiene la edad que tengo hoy. La elegí porque me di cuenta, investigando entre sus fotos antiguas, que a mi edad él ya tenía una familia a la cual responder con amor, estabilidad, respeto y educación. La distancia que me separa del hombre de 32 años de la foto es muy grande. Genera en mí, ahora, una tensión, una incomodidad, pero también mucho amor. Es mi interpretación de lo que sientes cuando te lanzas a conocer un poco más sobre papá.

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