Los libros no tienen 128 GB

aMAZEme10

Querida Ana

Hoy te escribiré de algo que tenemos en común, el gusto por los libros. He de confesar que estas semanas no he encontrado el espacio necesario para leer, como lo hacía cuando usaba mucho más el transporte público, aquellos días en que casi no me molestaba estar atorado en una avenida, ya que eso significaba más tiempo para avanzar las páginas del libro de turno. Pero estoy seguro que pronto retomaré las páginas y no las soltaré hasta acabar todas las letritas de uno, dos, tres, los que la vida me dé tiempo de leer.

Hace ya un par de años, en el proceso de resolver un brief que tenía que ver con el uso del libro vs el uso de los medios digitales, me puse a pensar en lo increíble que son los libros, no solo por su contenido, sino también por el invento en sí mismo.

El objeto como tal, con el formato de hojas pegadas una a otra tiene cientos de años, desde la edad media incluso, donde los libros se copiaban a mano por los monjes (curioso decirles copia, porque en verdad cada libro era un objeto único ¿no?). Fue así que las primeras bibliotecas estaban en iglesias, monasterios y supongo que en la casa de los nobles más acaudalados. El lujo que debe haber significado tener un libro en la casa, un objeto del cual regodearte al recibir visitas de amigos…

– ¡Assuuu! ¿y ese libro? ¿cuánto te costó?

– Sí bueno, para qué te voy a negar que fue un montón de plata…y oro, pero un día me levanté y dije, ya estoy en edad de tener un libro, mis esclavos se rompen el lomo trabajando día y noche, cómo no me voy a dar un gusto ¡la vida es ahora caramba!

– Sí de todas maneras, oye pero en serio está precioso. Este es el modelo que ya viene con cinta separadora de hojas incluida ¿no?

– Obvio, edición 1217, todavía la tinta ni se seca, así que de lejitos nomás.

Luego ya con la imprenta del señor Johannes Gutenberg el libro deja de ser un objeto solo para algunos privilegiados y pasa a ser más accesible, se masifica y su presencia se da por sentada en una casa, es casi un adorno más. Y con el tiempo se ha vuelto un objeto, muchas veces, subvalorado. Si te roban, el ladrón te deja tu DNI y tus libros. Nadie te ve en la calle con un libro y piensa…“este tipo tiene plata”, tú no ves a un muchacho por la calle leyendo y piensas…“qué tarado este chibolo, mira cómo se arriesga a que lo roben, quién anda con un libro así en plena calle, ahorita lo asaltan”… eso no pasa por tu mente.

El libro está subvalorado por muchas personas, cuando en verdad hoy, en los tiempos smart en que vivimos, donde nos levanta la alarma del celular y lo último que vemos antes de dormir es la pantalla del celular, es precisamente cuando el libro toma nuevos valores.

Piénsalo, si entras a un banco con un libro y te pones a leer mientras esperas tu turno, nadie te va a decir nada. No va a venir el vigilante a advertirte…

– Disculpe caballero, no puede leer su libro aquí, tiene que salir, por favor.

Punto para el libro.

Los libros no necesitan wifi. Te puedes ir a cualquier restaurante tranquilo sin tener que preguntar a la mesera…

– Disculpe señorita, ¿cuál es la clave del wifi? quiero leer un capítulo…ok, ¿todo en bajas?, ya listo ¡gracias!

Los libros no necesitan cargador. No tienes que molestar a nadie de la chamba para leer tu libro…

– Hola, ¿tienes cargador para novelas históricas?

– No, el mío es para comedias, creo que en contabilidad he visto uno.

– ¡Gente! ¿alguien tiene cargador para novelas históricas?

– Yo tengo para libros de autoayuda, no sé si le hará a tu libro.

– No, me da miedo ¿y si lo malogro? olvidé el mío en casa, son muy chéveres estos libros, pero la batería no te dura nada.

Los libros son guerreros, les puede caer agua, los puedes pisar, tirarlos de la mesa, por las escaleras (pero no lo hagas por favor) y aún así siguen siendo útiles…

– ¡Ay mierda! le cayó agua a mi libro.

– ¡Mételo en una bolsa de arroz, al toque!

Nadie va al servicio técnico de libros para llevarse una ingrata sorpresa…

– Hola qué tal ¿arreglan tapas de libros como este? Mira, mi sobrino lo tiró al piso y se ha rajado la parte de arriba de la tapa.

– Mmm, hay que cambiar toda la tapa, pero no tengo repuesto todavía para este modelo, tenemos para el anterior, en un par de semanas viene y calculo que te va a salir 400 soles más o menos.

– ¡¿400?! ¡mejor me compro un libro nuevo!

Un libro es valioso en sí mismo, no necesitas otra cosa más para disfrutarlo, no tienes que comprarle fundas protectoras, micas, audífonos inalámbricos o cargadores especiales. Una vez que lo compras no tienes que hacer otro pago. No necesitas pagar la versión premium para que no te salga publicidad. En los aviones no te piden que cierres tu libro en el despegue o el aterrizaje. Si te olvidas tu libro en la casa, no es el fin del mundo, te va a esperar tal cual lo dejaste, donde lo dejaste, no te va a dar miedo que tu hijito lo tire al piso, que tus sobrinos le descarguen apps sin tu permiso. No tienes que actualizarlo y si te lo roban no tienes que llamar a nadie para bloquearlo, lo publicarías quizá “hoy un choro culto, me robó un libro, de esos choros ya no hay”.

Ahora, hay algunas cosas que creo los libros podrían envidiar a los smartphones. Sería genial que un día entres a un ascensor y nadie se hable entre sí por estar pegados a un libro. O que tu hijo pequeño te pida con berrinches un libro para estar tranquilo…

– ¡Ya, ya, toma, lee y no molestes!

Que las abuelas nos miren y digan…”mira, andan como zombies en la calle, pegados a sus libros, sin levantar la mirada, en mis tiempos eso no pasaba”…sería tan genial que la gente haga colas en las librerías esperando la nueva novela de su autor favorito durante toda la noche.

No creo que sea imposible vivir un mundo donde los libros sean valorados tan o más que un smartphone, para construirlo, solo necesitamos leer…más libros.