
Querida Ana, hoy me dieron ganas de escribir otro cuento corto. Ahí va.
Es de noche y no solo la casa, el barrio entero duerme, alguna alarma de auto se oye a la distancia pero a nadie afecta. La pareja descansa, cada quien en el lado de la cama que le corresponde, el lugar que se ha ganado y ha conquistado luego de tanto tiempo de matrimonio. Se saben de memoria el sueño del otro, la respiración de sueño ligero, de sueño profundo e incluso saben cuando fingen que duermen. Todo se interrumpe con un sonido inconfundible.
Es el bebé, dice él. Seguro tiene dolor de barriga. No, ayer fue dolor de barriga, seguro no puede dormir bien, responde ella. Bueno, te toca a ti. Sí claro, me toca a mí, como me tocó a mí cuando había que hacer la fórmula, que por cierto tú nunca aprendiste, y me tocó a mí cuando tenía fiebre, no señor, esta vez es su turno de levantarse. Ya, bueno, me levanto, siempre me he levantado cuando se trata de mis hijos, no tienes que hacer un drama mujer.
El esposo responde el celular.
- ¿Aló hijo, qué tiene el bebé?
- No sé papá, no deja de llorar, ¿las gotas las pongo en la leche o se las doy directamente en la boca?